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Un santuario cautivador: la Capilla de Alto Vista

Encaramada en una colina con vistas sobre Aruba se encuentra la Capilla de Alto Vista, un pequeño santuario normalmente iluminado por docenas de velas que le confieren esa atmósfera especial. Todo el mundo es bienvenido, tanto creyentes como no creyentes, para disfrutar del ambiente sereno o participar en el servicio semanal. El edificio actual data de 1952, pero el emplazamiento se remonta mucho antes, ya que allí fue donde se construyó la primera iglesia de Aruba.

La pequeña capilla de color amarillo está ubicada en la punta noreste de la isla, cerca de la localidad de Noord y del Parque de Arikok. Tan solo algunos cactus y pequeños arbustos que asoman en la arena se interponen en la vista de la isla y el mar. Una larga y sinuosa carretera es el único acceso hasta Alto Vista, también conocida como ‘Iglesia de los Peregrinos’. La ruta está señalada por cruces blancas, y la carretera no está asfaltada, por lo que cabe esperar nubes de polvo a lo largo del camino.

Pioneros católicos

La versión original de la Capilla de Alto Vista se construyó en 1750 bajo la supervisión del misionero venezolano Domingo Antonio Silvestre, a pesar de que en aquella época no había un solo cura en toda la isla. Ganó las almas de los Caquetios y financió la construcción de su propio bolsillo. No obstante, la capilla no garantizó protección ante la plaga, que arrasó el pueblo 26 años después de su construcción. Entonces los creyentes que sobrevivieron la abandonaron. Durante las muchas décadas que permaneció en este estado, la capilla se deterioró de tal manera que únicamente quedaron de ella ruinas. Sin embargo, gracias a la determinación de una profesora, la capilla resurgió 136 años después de su abandono.

La Capilla de Alto Vista y el laberinto
La capilla se restauró gracias a la profesora Francisca

La determinación de Francisca

Durante una excursión con su clase en la década de 1940, la profesora de educación primaria Francisca Henriques Lacle encontró un cuadro de la Virgen María rodeado de velas y flores. Ella lo interpretó como una señal de que los locales aún se sentían fuertemente vinculados a este lugar. El obispo de Curaçao rechazó en un principio su petición de reconstruir la capilla, pero aún así, Francisca recaudó 5.000 florines mediante picnics con el fin de encargar una gran estatua de la Virgen María que llegaría desde los Países Bajos. Cuando llegó a la isla, el obispo dio su bendición para comenzar la construcción. La capilla que esta profesora ayudó a construir sigue en pie.

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El laberinto de la paz

Al lado de la capilla encontramos el laberinto de la paz, en el que los peregrinos hoy en día pueden rezar y meditar. No existe un camino ‘acertado’ o ‘equivocado’ para recorrer este modesto laberinto; cada uno de los 11 caminos tiene un carácter propio. Elija un camino al azar y disfrute de una experiencia de paz y meditación.