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El famoso té verde chino

A los chinos no les gustan las bolsitas de té. En China solo toman té en hojas y preferiblemente variedades con una rica historia. Longjing es probablemente el té verde más famoso del país y crece cerca de Hangzhou. Hasta el parlamento chino posee algunas de estas preciadas plantas, cuyo té solo se sirve a los jefes de Estado.

Además de ser famoso por su exquisito sabor, el té Longjing también tiene su propia leyenda. Traducido literalmente, su nombre significa "té del pozo del dragón" y procede de un pueblo de las montañas cerca del lago occidental de Hangzhou. Una leyenda cuenta que en el pozo vivía un dragón, mientras que otra atribuye el movimiento de las aguas del pozo a la forma de un dragón chino. Aunque nadie está seguro de cuál es la historia real, todo el mundo coincide en afirmar que la calidad de este té no tiene parangón.

Maestros del té

Cada primavera, cientos de recolectores de té comienzan su trabajo en las colinas al sur del lago occidental de Hangzhou. Aquí recogen las hojas más delicadas y las llevan en cestas hasta las fábricas, donde los "maestros del té" las tuestan en grandes recipientes tipo wok para conservar su sabor. Cada segundo cuenta y solo los maestros saben cuándo están listas las hojas. El té Longjing está disponible en 6 grados diferentes. La calidad superior consiste en hojas uniformes que se preparan en infusión para crear un té extremadamente delicado. El pueblo del té del pozo del dragón, donde se encuentra el famoso pozo, es el lugar perfecto para probar los mejores tés en uno de sus salones de té. Un poco más allá encontrará el Museo del Té Chino, que cuenta con enormes parcelas de tierra dedicadas a exponer el arte de cultivar, secar y degustar el té verde.

Mountain tea garden
Mujeres recogiendo hojas de té

Fuera de su alcance

Se cuenta que la calidad del té de Hangzhou se descubrió de una forma sorprendente. Durante uno de sus viajes, el emperador Qianlong vio cómo trabajaban los recolectores de Hangzhou. Les ayudó con su trabajo pero luego tuvo que volver a Pekín. Una vez allí, preparó una infusión con las hojas que había recogido para dársela a su madre enferma. A los dos les encantó el té y desde entonces el té de Hangzhou empezó a ser servido en la corte imperial. El emperador Qianlong concedió el estatus imperial a 18 matas del templo Hu Gong de Hangzhou. Estas plantas de té siguen ahí y ahora pertenecen al parlamento chino. Puede contemplarlas pero está terminantemente prohibido coger hojas: el recinto está protegido por guardias con perros que vigilan atentamente. A menos que tenga una buena relación con el presidente, ese té está fuera de su alcance.

“Los perros guardianes y los guardias vigilan que nadie coja las hojas de té imperiales”