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Arte persa en el Palacio de Golestán

El Palacio de Golestán sigue siendo el Valhalla de la arquitectura persa. Esta estructura única es uno de los edificios más antiguos de Teherán. Allá donde mire, verá increíbles detalles: cada hendedura y arco está decorado con pinturas y diseños singulares. Por algo la UNESCO ha nombrado este palacio Patrimonio de la Humanidad.

Antiguamente, Irán formaba parte de Persia. La dinastía gobernante Kayar, fundada por Agha Mohammad Khan, fue la más importante del imperio. En 1794, Khan se convirtió en el monarca de gran parte de Persia, incluyendo Teherán, que en aquella época era una pequeña población. Sin embargo, decidió convertirla en la nueva capital de su imperio. Bajo el gobierno Kayar, Teherán se convirtió en una ciudad cosmopolita. El Palacio de Golestán sigue siendo el símbolo más importante de esta edad de oro. El impresionante complejo está formado por una serie de pinturas y esculturas excepcionales.

El Palacio de las flores

A este complejo también se le conoce como el Palacio de las flores. El visitante entenderá enseguida la razón: decoraciones florales de colores predominan en el interior del palacio, que está formado por varios edificios: jardines y estanques abiertos al público que se han convertido en un museo. Uno de los edificios más hermoso es el Emarat-e-Badgir, donde verá 4 torres «atrapavientos», un sistema tradicional de refrigeración. Los visitantes podrán deambular durante horas e imaginar cómo sería la vida en la corte persa.

El omnipresente diseño floral

El trono de mármol

El Takht-e Marmar, o el «trono de mármol» es simplemente espectacular. Fath Ali Shah, el segundo emperador de la dinastía Kayar, encargó el tallado del trono. Los escultores reales trabajaron durante cuatro años en esta escultura, empleando 65 piezas de mármol, traídas de una cantera situada a cientos de kilómetros al sur de Teherán. El trono se encuentra sobre una plataforma de figuras humanas, sujetado sobre pilares de criaturas míticas. Aun 200 años más tarde, la delicada decoración no ha perdido un ápice de su belleza.

Takht-e Marmar