KLM uses cookies.

KLM’s websites use cookies and similar technologies. KLM uses functional cookies to ensure that the websites operate properly and analytic cookies to make your user experience optimal. Third parties place marketing and other cookies on the websites to display personalised advertisements for you. These third parties may monitor your internet behaviour through these cookies. By clicking ‘agree’ next to this or by continuing to use this website, you thereby give consent for the placement of these cookies. If you would like to know more about cookies or adjusting your cookie settings, please read KLM’s cookie policy.

Parece que su buscador no está actualizado.
Para utilizar de forma segura todas las características de KLM.com, le aconsejamos actualizar su buscador o elegir otro distinto. Si continúa con esta versión, algunas páginas del sitio web no se mostrarán correctamente o no lo harán en absoluto. Además, la seguridad de su información personal estará mejor salvaguardada con un buscador actualizado.

 

La imponente Catedral de Milán

En el centro de la Piazza del Duomo se erige el Duomo di Milano. Esta catedral es una auténtica obra de arte gótica con más de 3.500 estatuas de santos, animales y monstruos y 135 torres que se alzan hacia el cielo. La construcción de este inmenso lugar de culto tardó 600 años y la obra siguió ejecutándose en las secciones superiores y los portales hasta 1950.

El arzobispo Antonio da Saluzzo fue el primero en ordenar la construcción de la catedral en 1386. Se trataba de una coproducción europea durante los primeros años, cuyo liderazgo pasó por las manos de maestros de obras franceses, alemanes e italianos. Por esta razón, inevitablemente el proyecto sufrió retrasos, dado que todos tenían diferentes opiniones relativas a la construcción de la catedral. En torno al año 1400, las obras comenzaron por fin, pero se tardarían siglos en completarla.

Napoleón acelera las cosas

Ocasionalmente, los trabajos de construcción se paralizaban durante largos periodos (hasta un siglo en varias ocasiones). Entonces Napoleón Bonaparte entró en escena, vio y conquistó Milán y garantizó que la fachada se finalizaría en 7 años. El estado francés financió las obras, pero no fue un acto totalmente altruista de Napoléon: quería ser coronado rey de Italia en la Catedral. Y Napoleón no sería Napoleón si no lo hubiese conseguido. Enfrente de la catedral se encuentra una gran estatua del diminuto francés a caballo. Posteriormente, su imagen se colocó en una de las 135 torres como gesto de agradecimiento por su generosidad.

La estatua de Napoleón Bonaparte

Un bosque de torres

Erigiéndose hacia el cielo, las puntiagudas torres son las características más reconocibles del estilo arquitectónico del Gótico, y ninguna catedral del mundo tiene tantas torres como el Duomo. Además de estar colocados a lo largo de los extremos de la Catedral, estas torres también cubren todo el techo y forman una corona en torno a la torre principal. Esto distingue la Madonnina, o la pequeña Madonna: una estatua de la Virgen María de 14 metros de altura. La estatua está hecha con cobre, y acabada con 3.900 piezas de pan de oro.


Muchas de las torres están profusamente decoradas con adornos y estatuas. La mejor forma de admirarlos es desde el tejado del Duomo. La forma más fácil de llegar es con el ascensor, pero las escaleras tienen más encanto. Las escaleras de subida pasan entre las torres y ofrecen las mejores vistas durante el ascenso. Podrá admirar el rascacielos más alto de Milán, la ampulosa estación de trenes, la Stazione Centrale, e incluso los Alpes, en un día claro. Al llegar a la parte superior, sitúese en el centro de todas las torres. Tendrá la sensación de haber entrado en una pequeña ciudad.

Los pináculos del Duomo