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La bomba nuclear de Nagasaki

Una devastadora explosión seguida de una nube de hongo: la bomba atómica que cayó en Nagasaki el 9 de agosto de 1945 quedó grabada para siempre en la memoria de Japón (y del mundo). El Museo de la Bomba Atómica de Nagasaki ofrece una visión de aquel espantoso día y de las consecuencias de la bomba. El Parque de la Paz contiguo es un lugar de contemplación con un claro mensaje: esto no debe volver a ocurrir.

De una sola vez, casi el treinta por ciento de Nagasaki desapareció del mapa. Casi 75.000 personas murieron de forma inmediata. Otras 75.000 personas murieron a causa de las consecuencias de la radioactividad y otras lesiones. Los estadounidenses decidieron lanzar al “Hombre gordo” (así fue cómo llamaron a la bomba), porque los japoneses no se rendían. Tres días antes, Estados Unidos había lanzado una bomba nuclear en Hiroshima.

El Museo de la Bomba Atómica

Lo inimaginable visto de cerca

El Museo de la Bomba Atómica hace tangibles y comprensibles los dramáticos acontecimientos de 1945. La primera parte del museo muestra cómo era la vida en Nagasaki antes de la bomba. Un reloj gigante está congelado en el momento exacto en que cayó la bomba sobre Nagasaki. 11:02 de la mañana. Tras “experimentar” la caída de la bomba, podrá pasear por la réplica de la catedral Uramaki, ubicada cerca de donde cayó la bomba. También encontrará varias exposiciones (interactivas) sobre la bomba, sus efectos en la ciudad y el impacto de la radioactividad en general. Las historias de los supervivientes nos permiten acercarnos a lo inimaginable y resultan muy impactantes.


Un dato interesante sobre el museo es el agua que fluye por todo el recorrido. Poco después de la desastrosa explosión, el agua fue lo primero que necesitaron los supervivientes, pero todo el agua se había vuelto radioactiva y por lo tanto, peligrosa. El sonido del agua corriendo simboliza la angustia de todas las víctimas.

Esculturas del Parque de la Paz

El Parque de la Paz, cercano al Museo de la Bomba Atómica, fue construido en 1955 a lo largo del hipocentro de la bomba. Está lleno de esculturas que han sido donadas desde todas partes del mundo. El monumento más impactante es la Estatua de la Paz, una estatua de 10 metros de altura diseñada por Seibo Kitamura, un escultor de Nagasaki. La estatua simboliza el deseo de los residentes de Nagasaki de vivir en un mundo en paz, la figura de hombre apunta hacia el cielo, de donde vino el peligro. Con su brazo izquierdo extendido pide la paz.


Cada día, los grupos escolares locales visitan la estatua para dejar coronas de flores y recordar uno de los más terribles bombardeos de la historia. Cada año, el 9 de agosto se celebra una ceremonia en el monumento, en la que el alcalde de Nagasaki lee su Declaración de Paz al mundo. La Fuente de la Paz se encuentra en el punto más al sur del parque. Este monumento también recuerda a las víctimas que murieron de sed o al beber el agua radioactiva.

Fuente de la Paz